Modulo 2
Una invitación a recorrer nuevos caminos
Paso 1: Relectura
Bueno, para esta parte, como yo lo veo, se supone que debería pensar la situación de manera general, tipo decirme a mí mismo: ¿por qué crees que lo hizo?, o ¿por qué dices que es mala persona? Sin embargo, al ser mi mejor amigo, entendería el contexto detrás y también podría decir afirmaciones como: "Esa persona ya sabíamos que era como era, teníamos que esperar a que realmente nos mostrara quién era". Luego preguntaría cosas como: ¿por qué dices las cosas de forma que parece que tienes rabia? Y yo, respondiéndole a mi mejor amigo, tendría clarísimo que esa forma de escribir, esa rabia, realmente es rabia conmigo mismo.
Ya en el pasado, con mi psicólogo, trabajé todo eso y llegué a la conclusión de que esa rabia siempre acaba siendo conmigo mismo, porque una parte de mí ya tenía clarísimo cómo era esa situación, quién era esa persona. Solo que, de alguna manera, siempre fingía demencia, diciéndome que no, que era una buena persona. Pero desde un inicio actué de la manera en que actué, y esa persona hizo todo lo contrario, demostrando que es alguien directamente manipulador, que literalmente intenta poner a todos en tu contra.
Porque hay una diferencia entre ser una persona imperfecta y ser alguien que todo el mundo empieza a ver y se da cuenta de cómo es. Yo soy muy partidario de que, cuando una persona es (perdón por la expresión) mierda, ella solita termina alejando al resto, y los demás, tarde o temprano, se dan cuenta. Y esa afirmación me incluye: si yo soy así, terminaré alejando a los demás. Pero no ha pasado. Y la otra persona sí, al punto de que me pidieron perdón justamente por esas cosas.
Paso 2: Carta a mi mejor amiga/o
Ey,
Antes que todo, quiero decirte que me enorgullece que estés dispuesto a mirar hacia adentro, incluso cuando duele. Porque sé que no es fácil. A veces uno prefiere culpar afuera, señalar y quedarse ahí. Pero tú, incluso con rabia, lo que haces es volver a ti. Y eso, créeme, no lo hace cualquiera.
Sé que ahora sientes rabia, y que esa rabia parece estar dirigida a esa persona, a lo que hizo, a lo que no fue. Pero también sé ,porque te conozco, que esa rabia va más profundo. Que estás luchando contra ti mismo por no haberte escuchado antes, por haber querido creer algo distinto, por haber insistido en ver luz donde ya sabías que había sombra.
No te juzgues por eso. No fue debilidad, fue esperanza. Fue tu forma de querer que las cosas fueran diferentes. Pero ahora que lo ves claro, no es para que te castigues, sino para que te reconozcas. Porque hoy eres alguien que no se miente, que ya no finge demencia, que no tapa lo que sabe.
Recuerda lo que aprendiste con tu psicólogo: esa rabia es una brújula. Y te está señalando lo que ya estás listo para soltar. No se trata solo de esa persona que se mostró como es, se trata de ti, reconociendo que mereces rodearte de gente que sume, no que reste, que hable claro, no que manipule.
Quiero recalcar que eres una persona muy valiosa, porque incluso a pesar de las cosas que te puedan hacer o dejar de hacer, tu primera reacción siempre es: no voy a hacer lo mismo que esa persona hizo. Prefieres aprender de tus errores y actuar según lo que, para ti, es moralmente correcto, con el fin de llevar una vida en la que cada día crezcas como persona.
Incluso cuando hay momentos en los que estás mal ,porque estar mal no es malo, entiendes que es parte de tu proceso de sanación. Un proceso que, a la larga, estoy seguro te hará muy bien, gracias a los cambios que estás haciendo desde ya. Cambios que tal vez piensas que son pequeños, pero créeme: cuando menos lo esperes, los demás también los van a notar.
Ahorita lo estas haciendo bien, se que en este momento estas en mood del aun no, pero, es importante lo bueno que entiendas el que una solucion es decir en esta fecha vas a cambiar, antes de eso estas en tu derecho de volverte nada, pero luego de esta fecha lo vas a cambiar, y puede que ahorita te cuesta, pero se que llegara el momento en que lo logres y veas el cambio cuando menos te des cuenta.
Paso 3: Un paso a la vez
De todo lo que descubrí, hay cosas que claramente no están bajo mi control: lo que esa persona hizo, cómo actuó, cómo manipuló, cómo terminó poniendo a otros en mi contra... eso no depende de mí, nunca dependió.
Pero también vi que hay cosas que sí están en mis manos. Por ejemplo, cómo reacciono yo ante eso. Cómo me trato cuando me doy cuenta de que, en el fondo, ya sabía lo que iba a pasar y aun así quise hacerme el loco. También está en mí no hacer lo mismo, no devolver con la misma moneda, porque eso no va conmigo, y lo sé.
Una cosa puntual que sí depende de mí, y que quiero empezar a trabajar de verdad, es escucharme más cuando algo no me cuadra. Porque la próxima vez que algo me dé mala espina, en vez de justificar o decir "no, no debe ser para tanto", quiero detenerme y preguntarme en serio:
¿Esto me está haciendo bien? ¿Estoy tapando algo que ya sé? ¿Si esto le pasara a alguien que quiero, qué le diría?
Y ya no quiero seguir haciéndome el fuerte por aguantar, o por no aceptar que duele. Si algo me molesta, lo voy a reconocer. Si algo me huele mal, lo voy a decir, aunque sea solo para mí. Porque lo que aprendí de esto es que la primera vez que algo te incomoda, ya es suficiente señal.
No se trata de cambiar al otro. Se trata de que yo no me vuelva a soltar la mano.
Paso 4: Manos a la obra
Pues honestamente, hace ya mucho tiempo lo hice. Tomé una decisión racional y pensé realmente en cómo una persona puede o no ser parte de mi vida. Estoy en un momento en el que mi tiempo ya no es mucho, y no vale la pena meter en mi vida a personas que simplemente siento que no me aportan, como puede ser esa persona o muchas otras.
Ahora simplemente trato de entender cuáles son las intenciones de alguien y cómo eso me aporta. Y si no me aporta, pues simplemente no le meto tiempo. Y la verdad, me ha funcionado hasta ahora.
El camino recorrido hasta ahora
La verdad, me dio pereza hacer esto al principio, pero no porque no me importara. Lo que pasa es que ya había pasado por todo ese proceso, ya lo trabajé hace tiempo, ya lo hablé en terapia, ya lo entendí y lo solté. Entonces sentí que volver a escribir sobre eso era como devolverse, como si me estuvieran pidiendo revivir algo que ya está cerrado. Por eso decidí más bien verlo como un ejercicio de recuerdo, no de superación, porque eso ya lo superé.
Durante la reflexión fue más como repasar lo que aprendí. Me di cuenta de que estoy en un lugar distinto, más tranquilo, más claro. Ya no me duelen ciertas cosas porque ya las entendí. Me sirvió para ver cómo he cambiado, cómo reacciono distinto ahora y cómo tengo muy claro a quién quiero en mi vida y a quién no.
Lo que me sorprendió fue eso mismo: darme cuenta de que ya no estoy donde estuve. Que hoy en día, cuando algo no me aporta, simplemente no lo dejo entrar. Que ya no negocio con mi intuición, ni con mi paz. Y eso me dejó tranquilo, como quien se mira desde afuera y dice: ok, vas bien.
Lo difícil fue tener que volver a escribirlo como si todavía lo estuviera procesando, cuando ya lo hice. Pero incluso eso me sirvió para confirmar que lo que hice en su momento valió la pena, porque hoy puedo hablar de eso sin cargar con lo que antes me pesaba.
En general, esta experiencia me dejó la certeza de que sí se puede sanar y avanzar. Que mirar atrás no siempre es devolverse, a veces es solo reafirmar que uno está exactamente donde debe estar.
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