Diario 3

 

Descubriéndome desde mi reflexión personal


La verdad, el testimonio que más me pegó fue el del estudiante al que el profesor prácticamente lo humilló en clase. Apenas lo empecé a leer, lo primero que pensé fue: qué cagada que uno tenga que pasar por ese tipo de cosas justo cuando más necesita apoyo. O sea, uno ya va con la presión del parcial, esperando ver si el esfuerzo valió la pena, y lo que se encuentra es un tipo burlándose de ti frente a todos.

Lo que más me marcó fue la parte en la que dice que el profesor le entregó el examen diciéndole “por la nota debe ser el suyo”, soltando una risa. Esa risa sarcástica duele más que la nota. Yo sé lo que es eso, sentir que no te toman en serio, que no ven tu proceso, sino solo lo que hiciste mal. Me sentí muy identificado. Me pasó algo parecido en el colegio, cuando un profe también se burló en voz alta de algo que dije en clase. Nadie dijo nada, pero yo me sentí una basura todo ese día. Y uno se queda con eso.

Lo que me hizo sentir este testimonio fue una mezcla de rabia y tristeza. Rabia porque hay gente que tiene poder y lo usa mal, y tristeza porque uno muchas veces se traga todo eso, por miedo a que si habla lo dejen peor. Me conmovió ver cómo el estudiante trató de explicar que su método estaba bien, pero que por unos signos ya no valía. Y entiendo esa frustración, porque muchas veces uno siente que lo que hace no importa si no es “perfecto”.

También me conecté mucho con lo que dijo sobre estar decepcionado de sí mismo. Uno a veces no solo se siente mal por lo que le hacen, sino por haber fallado, por no haber podido más, por no haberse defendido. Eso me hizo pensar que muchas veces la batalla no es solo con el otro, sino con uno mismo.

Al final, este testimonio me reafirmó una cosa: que la forma en la que tratamos a los demás, sobre todo cuando tenemos algo de poder, puede marcarles la vida, para bien o para mal. Y que por más autoridad que tenga alguien, no tiene derecho a pasar por encima del otro. Yo no quiero ser así. Ni como ese profe, ni como alguien que se queda callado frente a eso.


Descubriendo nuevas perspectivas


¿Qué cosas viste tú, que no vio Alejandro?

Yo vi que el estudiante se echó toda la culpa a sí mismo, como si el error hubiera sido únicamente de él por fallar en unas cosas mínimas. También sentí muy claro el miedo que tiene a hablar, como ese pánico a reclamar porque sabe que el profesor le puede salir con algo peor o burlarse otra vez. Alejandro habló de la burla, pero no tanto del miedo que paraliza, que es algo muy real ahí.

¿Por qué crees que esas cosas fueron importantes para ti?

Porque yo he sentido eso. Esa sensación de que si hablas, te va peor. Que mejor quedarse callado, tragarse la rabia y hacer como si no doliera. Me vi reflejado ahí. Y también porque sé cómo uno termina sintiéndose mal con uno mismo, cuando en realidad el trato injusto vino de otro lado.

¿Qué cosas vio Alejandro que no viste tú?

Alejandro habló muy claro sobre lo grave que es que un profesor haga ese tipo de comentarios ofensivos frente a todos. Yo al principio lo vi como algo molesto, pero no lo había pensado tan profundo como una falta ética fuerte. Él lo puso en otra dimensión que yo no había considerado.

¿Qué te dicen sobre ti mismo?

Que a veces yo normalizo esas actitudes porque las he visto muchas veces, y me toca empezar a cuestionarlas más. Que no todo lo que uno aguanta está bien, y que lo que me ha tocado vivir también me ha hecho ver como “normal” cosas que no deberían serlo.

¿En qué se diferencia la manera como interpretaste el testimonio inicialmente, y la manera como lo ves ahora, después de escuchar la reflexión de Alejandro?

Al inicio lo vi como un mal momento, como algo puntual. Después de escuchar la reflexión, entendí que fue más que eso. Fue una experiencia que tuvo un impacto emocional fuerte y que mostró un abuso de poder que no se puede pasar por alto. Ahora lo veo con más gravedad y con más empatía.


Mi propio testimonio de conflicto


He vivido varios conflictos, muchos muy personales que todavía no me siento listo para compartir. Pero hay uno que sí puedo contar, porque marcó un antes y un después en mi forma de ver ciertas relaciones.

Se trata de alguien que yo consideraba un amigo, alguien con quien compartí bastante, y que terminó traicionándome. En su momento lo viví como una puñalada por la espalda, y fue muy doloroso, no solo por el hecho en sí, sino por todo lo que eso generó alrededor. Su forma de manipular fue tan fuerte que me alejó de personas que eran importantes para mí, y eso me afectó muchísimo.

Lo curioso es que desde antes algo en mí ya me decía que esa persona no era del todo confiable. Había actitudes que me rayaban, pero uno a veces no quiere ver las cosas como son. Después de lo que pasó, entendí que esa incomodidad interna era mi forma de protegerme, y que no me hice caso. Aprendí que ignorar las señales por querer mantener una relación solo termina haciéndome daño.

En este proceso de reflexión también entendí algo clave: no fue solo lo que hizo él, fue lo que yo permití al no poner límites claros a tiempo. Esa es una de las cosas que más me movió. Porque en vez de quedarme con el rencor, decidí mirarme a mí, y preguntarme qué puedo aprender de esto. Y lo que aprendí es que hay que escuchar esa voz interior que te avisa cuando algo no está bien.

Con el tiempo dejé de cargar con la rabia. No porque lo que hizo esté bien, sino porque entendí que el rencor me ata a esa versión de mí que ya no soy. Hoy no tengo una razón real para no perdonar, y ese perdón no es hacia él, es hacia mí, por haberme fallado, por no haberme cuidado antes. Ya no quiero guardar resentimientos, quiero crecer a partir de esto.

También descubrí que el conflicto nació a partir de una situación amorosa. Eso fue el detonante. En ese momento me sentí expuesto, usado y traicionado. Pero ahora veo que lo que pasó me ayudó a ver con más claridad quién era esa persona y, más importante aún, quién soy yo cuando me siento traicionado. Me vi vulnerable, pero también me vi capaz de salir adelante sin quedarme ahí pegado.

Lo que quiero trabajar ahora es aprender a poner límites sin necesidad de llegar al quiebre. Quiero poder decir lo que pienso a tiempo, sin miedo a que eso cause conflicto, porque aprendí que evitar el conflicto muchas veces solo lo alarga. También quiero ser más consciente de a quién dejo entrar a mi vida, y aprender a soltar más rápido cuando algo no me hace bien.

En el futuro, si algo parecido pasa, quiero actuar desde la calma, no desde el impulso. Hablar con claridad, proteger mis vínculos sanos y no quedarme callado por miedo. Y sobre todo, confiar en que cada cosa, por más dura que sea, me puede enseñar algo si decido verla con ojos nuevos.


¿Cómo manejo mis conflictos?



EVADIR                          58.33%  30.4%
CEDER                           58.33%   30.4%
IMPONERSE                 16.66%   8.7%
BUSCAR ACUERDOS  58.33%   30.4%


¿Cómo puedo resolver los conflictos?


¿Qué emociones está sintiendo Rosa? ¿Por qué las está sintiendo?
Rosa está sintiendo rabia, frustración y cansancio. Se nota que ya está saturada emocionalmente. Todo comenzó con buena intención, pero ahora se siente usada, como si su ayuda no fuera valorada. Además, siente presión económica por los gastos que trajo el nacimiento de su nieta y eso la pone aún más a la defensiva. También hay un sentimiento de traición o decepción con su hermana, porque siente que Violeta no está colaborando y solo le lleva quejas.

En el fondo, ¿qué es lo que quiere Rosa?
Rosa quiere tranquilidad en su casa. Quiere recuperar el orden y el control sobre su espacio, y sobre todo, sentirse valorada. También quiere poder sostener los gastos de su nieta sin tanto estrés. En el fondo, creo que le gustaría que Violeta le ayudara más o al menos reconociera el esfuerzo que Rosa está haciendo.

¿Qué te imaginas que puede estar pensando Violeta?
Violeta puede estar pensando que Rosa está exagerando o que no entiende por lo que ella está pasando. Tal vez siente que ya es suficiente con estar en una situación difícil sin trabajo, y que Rosa no está siendo empática. También puede que sienta culpa o vergüenza, pero no sabe cómo expresar eso y por eso se distancia o evita asumir más responsabilidades.

¿Qué crees que es lo que, en el fondo, quiere Violeta?
Violeta probablemente quiere estabilidad para ella y sus hijas, pero sin tener que recibir reproches todo el tiempo. Quiere apoyo, pero también paz. Y es posible que no sepa cómo pedir ayuda sin sentirse juzgada. Tal vez también quiere volver a conectar con su hermana, pero no sabe cómo hacerlo sin que todo sea conflicto.

¿Qué emociones te imaginas que estará sintiendo Violeta? ¿Por qué las estará sintiendo?
Violeta puede estar sintiendo incomodidad, tristeza, inseguridad y quizás algo de culpa. También puede sentir que está siendo rechazada o que su presencia ya no es bienvenida. Y eso puede traer frustración, porque aunque aceptó la ayuda, ahora siente que está sobrando. Seguramente también le duele ver que su hija esté en conflicto con la sobrina, porque eso daña más la relación entre ellas.


¿Cómo puedo resolver los conflictos? - La otra versión



¿Qué es lo que realmente quiere Violeta?
Violeta quiere estabilidad, poder cuidar a sus hijas y tener un lugar seguro donde vivir sin sentir que está incomodando. También quiere poder aportar algo a la casa de Rosa, pero sin trabajo no lo ha logrado. En el fondo, lo que más quiere es no perder el techo que su hermana le ofreció y evitar que sus hijas terminen creciendo en un inquilinato.

¿Qué emociones está sintiendo Violeta? ¿Por qué las está sintiendo?
Violeta está sintiendo mucha angustia, culpa, miedo y desesperación. Se siente mal por no poder contribuir económicamente, por estar tanto tiempo fuera buscando trabajo y descuidar a sus hijas. También tiene miedo de que Rosa la eche, porque no tiene a dónde ir ni cómo mantener a sus hijas por su cuenta. Se siente atrapada y sin salida.

¿Qué información tienes ahora que no tenías antes? ¿Cómo cambió tu percepción sobre Violeta, después de conocer su versión?
Ahora entiendo que Violeta no es una persona desinteresada o aprovechada, como parecía desde la versión de Rosa. Está haciendo lo posible por salir adelante, ha estado buscando trabajo y está realmente agradecida con su hermana. El problema es que está tan presionada que no ha sabido cómo manejar la situación ni cómo comunicar todo lo que siente. Mi percepción cambió porque ahora veo que también está sufriendo mucho, que no quiere ser una carga, pero que no ha encontrado la forma de salir de la situación en la que está. Ahora entiendo que hay dolor de los dos lados.


¿Cómo puedo resolver los conflictos? - La solución


¿Cuáles son los intereses comunes de las dos hermanas?

  • Las dos quieren lo mejor para sus hijas y que crezcan en un ambiente estable y tranquilo.

  • Ambas necesitan estabilidad económica, aunque cada una esté en una situación diferente.

  • Valoran la familia y, en el fondo, quieren seguir teniendo una buena relación, pero sin sentirse agotadas o usadas.

  • Quieren vivir en un espacio donde se sientan cómodas, respetadas y apoyadas.


¿Qué soluciones podrían satisfacer los intereses de las dos hermanas?

  • Que hablen con sinceridad, sin pelear, para aclarar lo que cada una siente y necesita.

  • Que Violeta ayude con las tareas del hogar o con el cuidado de Azucenita mientras sigue buscando cómo generar ingresos.

  • Que Rosa apoye a Violeta para arrancar su idea de las tarjetas pintadas, incluso podrían hacer un negocio juntas desde casa.

  • Que se turnen para cuidar a Azucenita y así puedan ahorrar el gasto del jardín.

  • Que acuerden un plazo con metas claras para que Violeta se organice, y Rosa tenga algo de certeza y alivio.

  • Que hagan una lista o un acuerdo por escrito donde definan qué puede aportar cada una y cómo mantener la armonía en la casa.








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